Cuando pensamos en una pedida de matrimonio, nosotras nos preocupamos por vernos perfectas para ese momento, ellos se enfocan en encontrar el anillo ideal para demostrar que su amor será eterno. El diamante no solo es una piedra preciosa que se ve hermosa, también se le ha visto como una parte fundamental para que el anillo sea perfecto. Pero esa idea, que durante décadas nos vendieron como el estándar del romanticismo, está empezando a desmoronarse.
Hoy, los diamantes ya no significan lo mismo. Lo dicen los expertos, los economistas y también los nuevos hábitos de consumo. El mercado de los diamantes naturales se ha desplomado en los últimos años, y una de las principales razones es el auge de los diamantes de laboratorio.
Son idénticos en apariencia, composición y durabilidad, pero cuestan muchísimo menos. De hecho, muchas marcas tradicionales han tenido que adaptarse, bajando sus precios o incorporando estas nuevas versiones más accesibles y éticas. Porque sí, además de más baratos, estos diamantes no vienen cargados con el peso de la explotación laboral ni con historias de minería destructiva.
Más allá de si son artificiales o naturales, lo que realmente está en juego es la idea de qué representa un anillo de compromiso. Muchas mujeres ya no quieren sentirse obligadas a esperar o entregar una piedra costosa para validar su relación. Están buscando algo más auténtico. Algo que hable de ellas, de su historia, de sus valores compartidos con su pareja. Y, sobre todo, algo que no esté dictado por una tradición creada hace más de un siglo por una campaña de publicidad muy efectiva, pero totalmente desconectada de la realidad actual.
Porque si no lo sabías, la idea de que los anillos de compromiso deben llevar un diamante se popularizó a finales de 1930, cuando una famosa empresa de diamantes lanzó una campaña publicitaria con el lema “Un diamante es para siempre”. Lo que hizo que el diamante se convirtiera en el símbolo del amor eterno y muchas personas empezaron a verlo como el anillo perfecto.
Hoy, la idea de proponer matrimonio ha cambiado mucho, y con ello las preferencias de anillo, hay quienes están optando por piedras coloridas o incluso perlas. Esto no significa que pedir matrimonio con un diamante sea malo o anticuado.
Si el pedir matrimonio con esta piedra está más ligado con la idea del valor monetario, y la posibilidad de que en algún momento los pueda sacar de un apuro financiero, es importante tener en cuenta que el mercado está cambiando mucho, y un diamante que antes podía valer miles de pesos, ahora es más accesible. Al final del día, el lujo no está en el precio, está en la intención y los sentimientos detrás, lo que importa no es cuánto brilla el anillo, sino el paso que están por dar como pareja.